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lunes, marzo 28, 2022

CAPERUCITA ROJA Una película de Tatiana Mazú González

93 min - Argentina - 2019 -  Color  -  1:85:1 - Dolby  5.1  Español - Subtítulos en inglés
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SINOPSIS
 Cuando mi abuela tenía ocho años, cruzó un bosque montañoso, en una época en que el cielo español zumbaba de aviones militares. Ese día escapó de la servidumbre a la que la exponía su propio padrino, hacia su pueblo natal. En algún momento, decidió estudiar costura. Y tiempo después, cruzar el mar sola, hacia Buenos Aires. Una tarde, le pido que me enseñe a coser. Mientras fabricamos un abrigo rojo con capucha, nosotras, dos mujeres separadas por más de sesenta años, discutimos entre cuatro paredes las historias y contradicciones de nuestro género y clase. Afuera, una nueva generación feminista toma las calles
FICHA TÉCNICA

Título: Caperucita Roja
Director/es: Tatiana Mazú González
Género: (TILDAR)
Duración: 1:32:00
Año: 2019
Elenco Principal: Juliana Casares Martín, Sofía Mazú González, Inés González Casares, Estela González Casares, Martina Wüst González y Tatiana Mazú González
Elenco Secundario: #VALUE!
Guión: Tatiana Mazú González
Asistente de dirección: Joaquín Maito
Director de Fotografía: Joaquín Maito
Director de Sonido: Julián Galay
Montaje: Josefina Llobet
Productor: Michelle Jacques-Toriglia, Paola Pernicone y Tatiana Mazú González
Casa Productora: Antes Muerto Cine
Colorista: Daniela Medina Silva
Productor Ejecutivo: Michelle Jacques-Toriglia - FX
Biofilmografía de director "Tatiana Mazú es realizadora documental-experimental y artista visual. Es parte del colectivo Antes Muerto Cine. Activista feminista y de izquierda. Codirigió junto a Joaquín Maito El estado de las cosas (2012). Sus películas La Internacional (2015), Caperucita roja (2019) y Río Turbio (Prix Georges de Beauregard - FID Marseille 2020) han sido parte de FID Marseille, Mar del Plata IFF, FICUNAM, Doc Lisboa, Cinélatino . Rencontres de Toulouse, entre otros."
Premios: "Transcinema Festival Internacional de Cine Independiente 2019 - Competencia Internacional
Cinélatino Rencontres de Toulouse - Découvertes documentaire 2020
Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona 2020
Festifreak Festival Internacional de Cine de La Plata - Competencia Argentina - Premio del Público
SEMINCI Semana del Cine de Valladolid - Competencia Tiempo de historia - Mención especial del jurado
Corriente No Ficción 2020
Cortópolis 2020
Festival Internacional de Cine Colombiano en Buenos Aires 2020 - Competencia Argentina
Muestra de Cine Social y Derechos Humanos de Asturias 2021
Femme Revolution Film Fest 2021
One World Romania 2021 - Competencia Internacional
AricaDoc 2021 - Muestra Creadoras "
TATIANA MAZÚ GONZÁLEZ . directora.
Nació en 1989 en Buenos Aires. Vive en las afueras de la ciudad entre gatos y plantas, en la que antes era la casa de su abuela. Es realizadora documental, experimental y artista visual. Activista feminista y de izquierda, que alguna vez quiso ser bióloga o geógrafa: hoy su imaginario explora los vínculos entre las personas y los espacios, lo microscópico y lo inmenso, lo personal y lo político, lo infantil y lo oscuro. Filma, fotografía, dibuja, diseña y cose. 
Codirigió junto a Joaquín Maito El estado de las cosas (2012). Su cortometraje La Internacional (2015) participó de 40 festivales internacionales. Caperucita roja (2019) y Río Turbio (2020 – Prix Georges de Beauregard Fid Marseille 2020) son sus primeras películas en solitario. Formó parte de Silbando Bembas, colectivo de cine militante. Sus películas han sido seleccionadas en Mar del Plata IFF, FIDMarseille, Festifreak, Transcinema, DocLisboa, FICUNAM, Cámara Lúcida,  SEMINCI, Cinélatino . Rencontres de Toulouse, Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín, Festival Cinematográfico del Uruguay, FIDOCS, entre otros. Participó en 2015 de Berlinale Talents BA. Es montajista, junto a Manuel Embalse, de Retrato de propietarios de Joaquín Maito (Best Debut Film en IDFF Ji.hlava 2018).
BIOFILMOGRAFÍA
  • 2012 - El estado de las cosas - largometraje 
  • 2015 - La internacional - cortometraje
  • 2019 -  Caperucita roja - largometraje 
  • 2020 - Río Turbio - largometraje
  • -En rodaje/postproducción - Todo documento de civilización
  • -En postproducción - Dios autor de todo
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ENTREVISTA CON LA DIRECTORA x Claudia Carreño
1. Sabemos que Caperucita roja es un cuento que se creó el siglo XVII y que, por transmitirse de forma oral, ha mutado mucho hasta el día de hoy. La excepcional memoria de tu abuela de cuentos infantiles, con la que la película arranca y cierra, pareciera ser la clave de la idea original de tu documental. Cuéntanos tu relación con esta memoria oral que parece transmitirse intergeneracionalmente, cuán inspiradora fue para construir el artefacto audiovisual.

Casi que crecí en el taller de costura de mi abuela. Quizás haya pasado ahí más horas, durante los primeros diez años de mi vida, que en la casa donde vivíamos con mi hermana, mi mamá y mi papá. Ellxs trabajaban, en esa época lxs dos dando clases, muchas horas y lejos del barrio en que vivíamos. Así que yo iba al colegio y me quedaba hasta la noche con mi abuela. En esa época todavía tenía muchas clientas y se la pasaba cosiendo -mientras escribo pienso: su máquina y su silla estaban exactamente en el mismo lugar de la casa en el que yo, que ahora vivo donde ella vivía antes, tengo la computadora en la que trabajo todos los días-. El punto es que esas largas tardes yo me la pasaba disfrazándome con los restos derivados de la confección de la ropa de las clientas, enhebrando collares de botones antiguos y mirando figurines. Mientras tanto, sonaba de fondo en la radio el programa de derecha de moda. Y encima, por suerte, mi abuela no paraba de contar y cantar. Nacida y criada en la tradición oral campesina de la España de entreguerras, entre canciones pastoriles, romances medievales, mitologías y chismes, la palabra dicha fue su escuela. Y lo digo literalmente, porque aprendió a leer y escribir pasados los diez años, cuando finalmente tuvo cerca y por poco tiempo, una maestra. Así es que toda la vida tuve bien presentes las historias de su pueblo y de su infancia, los modismos propios de la zona, los refranes. Así es que en un momento, cuando empecé a estudiar cine, pensé en hacer una película de ficción basada en algunos inverosímiles personajes de la realidad sobre los que me había hablado toda la vida  -“Turna Esbaratapeines”, la que no se peinaba nunca; “Los de Armaño”, los hermanos más tontos del valle o “Marimoña”, la del moño gigante en la cabeza-. Como además Juliana tiene una memoria infinita -evidentemente entrenada por su educación oral-, es una gran narradora de cuentos clásicos. La hibridación entre estos mundos en lo cotidiano siempre fue una constante al pasar tiempo con ella. Los cuentos que recita en la película son las versiones textuales -y no casualmente en verso- de las ediciones de “Caperucita Roja”, “Blancanieves” y “Barbazul” que alguna vez compró a sus hijas cuando eran muy chiquitas y que después mi hermana y yo heredamos. Y que hoy conservo como parte de mi arqueología afectiva encerrados en un tupperware.
2. En documental vemos que aparecen los personajes y casi todos los elementos del cuento (la capa roja, el bosque, la abuela, caperucita, etc). Cuéntanos como surge la idea hacer de esta suerte de adaptación de este cuento infantil que forma parte del inconsciente colectivo de casi todo occidente y cómo fue el proceso de construcción del guión de este documental.

“No te asustes, Caperuza”, me dijo mi abuela toda la vida, citando la versión del cuento en cuestión, al ver que crecía tímida y temerosa. Quizás me lo tomé muy en serio… Todo arrancó como contaba antes, cuando empecé a estudiar cine, hace poco más de diez años. Quería hacer una película de ficción sobre ese universo híbrido, trágico y mágico en el que para mí había crecido mi abuela. Con el tiempo, me fui relacionando con otro tipo de cine, cada vez más ligado a la realidad como materia prima, a lo espontáneo, al error, a los procesos. Mientras tanto, cada vez trabajaba más en las áreas de arte y vestuario para sobrevivir. Ahí me di cuenta de que necesitaba aprender a coser. Las dos necesidades así, en algún punto, se unieron. Y empecé escribir. La imagen de mi abuela a los diez años, escapando de su padrino a través del bosque, siempre me resultó clave para pensar su vida -y las distancias para con la mía-. Me acuerdo de que arranqué un taller con esa imagen en la cabeza y me preguntaron “¿qué es lo que cosen juntas?”. Ahí, en algún momento, apareció el abrigo rojo con capucha como respuesta -me encantaría recordar cómo-. Y ahí me senté a escribir fragmentariamente a partir del recuerdo, pensando en qué cosas de mi abuela tenía presentes, qué imágenes, qué sonidos, que ideas, qué personajes. Después imprimí todo eso, lo recorté y armé un collage que después pasé en limpio y derivó en unas diez páginas de guión. No conecto con los procedimientos y formas propios del guión clásico, me aburren. Y a la vez soy también montajista y alguien muy del universo autodidacta de las artes visuales, así que supongo que hay algo de ese cortar y pegar manualmente del que surgió el guión de la película que tiene que ver con eso. A lo largo del proceso fui incorporando elementos, casi jugando. Incluso hay alusiones a otros cuentos clásicos, elementos dispersos que remiten también a “Blancanieves” -como las manzanas- o a “Cenicienta”.  Pero en realidad, de una u otra manera, todos los elementos estaban ya contenidos en la geografía del lugar donde nació, en la propia historia de vida mi abuela. Incluso lo cuenta en la película, una de las primeras cosas que se cosió a si misma fue un tapado rojo.
3. En la película hay un cuestionamiento político constante a través de la confrontación de puntos de vistas de generaciones muy distantes. Vemos una generación joven que intenta aunar la perspectiva feminista y la izquierda, confrontada a cierta noción meritocrática propia del capitalismo y la nostalgia de un pasado en donde, según la abuela, en la sociedad había más respeto. Las contradicciones son sin duda parte sustancial de la belleza de la película, la abuela es tan feminista y tan revolucionaria si prestamos atención a cómo afrontó los tiempos que le tocó vivir. En este sentido, es importante prestar atención al hecho de que el feminismo haya aflorado justo en tiempos en que el neoliberalismo ya se asentó en todo el planeta. Dicho esto ¿dirías que es posible que esté contenido en la película un rechazo a la banalización del movimiento feminista? 

Siempre supe que me interesaba trabajar sobre sus contradicciones. Tengo claro que yo, feminista y de izquierda, en parte, vengo de ahí, tanto por acción como por reacción. Y tengo claro que no es algo que me sucede a mí, de manera aislada: mientras hacía la película, charlaba con muchas mujeres de mi edad que sentían más cerca la influencia de sus abuelas que la de sus madres. Pensé mucho al respecto de eso, porque yo me llevo hermosamente bien con mi mamá, por ejemplo, tenemos mucho en común. Pero hay algo quizás que acerca a mí generación a la de mi abuela y es esa idea de crisis como oportunidad. Después de décadas donde, como decís, el neoliberalismo acabó por asentarse como esa espantosa película plástica que recubre el mundo entero sin dejarlo respirar -y aunque nunca se haya aplacado del todo la resistencia-, estos últimos años hay algo que resurge de abrazar el conflicto, de buscar y abrazar los cambios, de volver a lo colectivo, de asumir las diferencias… Un instinto vital transformador que tracciona la historia y que la posmodernidad había momificado. Historia que por supuesto es dialéctica y avanza a los saltos y plagada de contradicciones. “Quien no se mueve, no siente las cadenas”, escribió Rosa Luxemburgo alguna vez. Qué sé yo, en algún punto yo me considero una moderna -con todos los vicios de una posmoderna-. Crecí rodeada de mis abuelas -mujeres trabajadoras campesinas, una migrante y la otra viuda joven con cuatro hijos, tan religiosas y machistas como autónomas-. Crecí junto a mis xadres -docentes que participaron en cuanto paro se le hizo al menemismo en los ’90 y que hoy en día van a cuanta marcha les sea posible asistir-. Soy un animalito anarco marxista desde hace rato. Y lo soy desde antes de reconocerme feminista. Creo firmemente en que el género nos une, pero la clase nos divide, porque acuerdo con que capitalismo y patriarcado son dos caras de la misma moneda. Y en ese sentido, trato de aportar a un feminismo que sea lo menos apropiable posible por los gobiernos y las empresas, por el Estado y el Capital. Y es que es el que creo que, en última instancia, tiene el potencial de transformar algo de raíz. Me alegra que “feminismo” pueda ser una palabra bien vista, bien leída, bien oída a nivel masivo. Ni sé si es banalización, pero sí me genera mucho rechazo el feminismo pop, desclasado y descremado. De todos modos, creo que es de lo más positivo políticamente de los últimos años acá en Argentina: el movimientos de mujeres, lesbianas, travestis y trans fue de lo más dinámico y activo como resistencia al macrismo.
4. Con respeto a este mismo tema de las revoluciones, cuéntanos sobre la decisión de incorporar canciones o cánticos en la película. 


Las que cantamos con mi hermana en las escenas de karaoke son, justamente, las únicas canciones que mi abuela no nos enseñó y que tuvimos que aprender solas: las que cantaban lxs revolucionarixs durante la Guerra Civil Española. No nos las enseñó porque para ella “los rojos” eran ese “otro” maldito y violento construido por el discurso del cura y la maestra del pueblo, ambxs franquistas, que la cuidaban y querían. Algunas canciones las aprendimos con Sofi de chicas, porque nuestros xadres escuchaban músicxs que reversionaban estos clásicos populares. Otras, las aprendimos al crecer y acercarnos, cada una por su lado, a la tradición de distintas corrientes de izquierda. En general, con Sofi nos divertimos mucho cantando dúo, lo que sea, como un juego, desde chicas. También inventando canciones. Ella es la que supuestamente canta bien y yo la que supuestamente canta mal. Siempre fue así porque a mí me da vergüenza afinar. Así que, ante todo, es algo que sucede en nuestra vida cotidiana de hermanas. Resulta que yo quería incluir en la película la diferencia de posiciones que existe entre mi abuela y nosotras al respecto de la Guerra Civil Española. Pero quería hacerlo cuidándola. No quería someterla a una discusión teórica, ni hacerla sentir mal, ni incómoda, ni tampoco pisotear sus recuerdos de guerra que, obviamente y habiendo sido una niña en esos años, son super subjetivos y desagradables. En un principio, empecé a trabajar viendo juntas capítulos de “Amar en tiempos revueltos”, una telenovela española sobre una aburridísima relación heterosexual entre una franquista y un republicano. En algún momento esa idea me desencantó y me crucé con “Dead Slow Ahead”, una película de Mauro Herze que nada tiene que ver con la mía. Ahí hay una escena hermosa donde los trabajadores de un buque mercante chino cantan karaoke. Estaba en el cine cuando pensé que eso era lo que tenía que hacer y lo anoté en el cuadernito rojo que usaba en ese momento. Me pareció una forma lúdica y cuidadosa para con ella de introducir un debate político en el relato. Y al mismo tiempo, creo que hay algo conceptual que me gusta en la idea de repetir jugando aquello que no vivimos pero que un poco anhelamos e idealizamos, una idea de réplica, de doble dando vueltas al cantar esas canciones entre risas que les termina dando más peso que si hubiéramos abordado ese debate con solemnidad, que vuelve todo un poco un ritual.
5. Considerando que se trata de un documental que involucra la propia biografía familiar, ¿cuáles fueron los desafíos dentro del relato audiovisual en tanto directora que a la vez es personaje?          
Algo que tuve claro desde el comienzo era que no me interesaba hacer una película sobre hacer una película con mi abuela, no me interesaba el meta lenguaje ni la auto-referencia. Partí de la base de que su historia me interesaba para pensar la construcción “mujer” en el siglo XX, más allá de que fuera mi abuela, porque era la que conocía y tenía cerca. La etapa de escritura o desarrollo para mí es una etapa siempre más de entender qué conceptos tienen que ver con la película, que imágenes, qué sonidos para trazar un mapa con el que después entregarme a lo que la realidad proponga, escuchando esas resonancias iniciales. Esa serie de ideas y conexiones pensadas con distancia -la idea de la casa como bosque, de una puesta en escena que tuviera que ver con mis juegos de infancia, de tener siempre presente el género y la clase como conflictos, de habitar las contradicciones, del clima de los cuentos de hadas clásicos, de coser como contar y contar como coser-  y la convicción de que lo personal y lo político son un continuo y que, por lo tanto, mi intención era siempre abrir la película de lo íntimo a lo público, creo que fueron importantes a la hora de pensarme y pensar cinematográficamente  a mi familia. Antes hice un corto, "La internacional", con mi hermana como protagonista, que fue un ensayo en este sentido. Pero fue clave también la elección del equipo técnico: la transparencia y la entrega de Joaquín como fotógrafo -la película no sería la misma si la cámara la hubiera hecho otra persona, que Joaquín hubiera sido previamente mi compañero durante muchos años resultó super táctico para la comodidad y confianza de mi abuela y era muy gracioso verlo filmando sentado enorme en una silla pequeña durante meses para poder sortear los 50cm de altura que lo separaban de nosotras-; la paciencia sensible y la formación en literatura de Josefina como montajista, la precisión y disposición de Julián como diseñador sonoro. Lxs tres me ayudaron muchísimo a entrar y salir de la diégesis cada vez que lo necesitaba para que la pelicula fuera equilibrada. Siempre es clave elegir lxs cómplices adecuadxs para cada proyecto. En este caso, obviamente, también lo fueron mi hermana, mi mamá, mi tía, mis primxs, mi papá. Y todo el equipo que nos asistió de a momentos en rodaje y en postproducción, todxs humanxs hermosxs con quienes seguí trabajando.
6. Si bien en el cuento aparece un personaje hombre, el cazador -quien libera a caperucita y a su abuelita del estómago del lobo-, en la película no aparecen hombres, sólo la voz de uno, el vendedor, que imaginamos podría tratarse del lobo. Cuéntanos sobre esta decisión.

Es una decisión quizás un poco extraña, para mí, que no reivindico el feminismo separatista cisbiologicista, que creo que hay varones feministas, que construyo vínculos de toda índole tanto con mujeres como con varones, haberlos dejado prácticamente fuera de la película. Filmé varias jornadas a Iván, mi primo, en ese entonces pequeño, pensando en una idea de futuro. Pero finalmente terminó quedando afuera del material, también porque su hermana Martina se entregaba muchísimo más al juego del cine. Y en realidad también está mi papá, fuera de campo, en los VHS de infancia, a quien  le agradezco siempre ese archivo infinito a disposición. Dramática, de todos modos,  me parecía más sintético concentrarnos en la idea de lobo, el antagonista clásico, que se materializa en el vendedor del pueblo, que condensa un poco esa lógica mercantilista que negocia con el espacio donde descansan los recuerdos de un mujer, que negocia con el territorio donde descansan las huellas de la resistencia política de un siglo atrás. “El hombre es el lobo del hombre” dice la cita de la filosofía clásica, ¿no? . Creo que en esos momentitos a solas con el dueño de la inmobiliaria, con las huellas de alguna fiera que él mismo encontró de casualidad mientras recorríamos el pueblo, se cristaliza una idea de “lobo” que habita fuera de campo toda la película y que tiene que ver con el discurso de la masculinidad hegemónica, de lo represivo, de lo opresivo, de lo capitalista. Y que también encuentra su co relato durante la escena de la movilización, con mujeres “rojas” cantándole al presidente de la Nación.  El cazador, obviamente, en la vida real no existe.
7. Otro elemento sin duda hermoso es cómo ofreces audiovisualmente al espectador una visita a lo que va quedando del oficio de la costura y la oportunidad de heredarlo. ¿Lo aprendiste finalmente luego de película? y por otra parte ¿qué piensa la abuela, tu abuela, del oficio del cine y si tu abuela ya ha visto la película ¿cómo fue su recepción? Y, por último, qué se viene ahora, en qué estás trabajando.

Aprendí lo básico porque en general me concentraba más en ella y en sus relatos. Aprendí menos de lo que me hubiera gustado, pero además del abrigo me hice una camisita que uso bastante seguido. Me sirvió sobre todo para sumar herramientas a mi trabajo como vestuarista. Y más de una vez fui a diseñar y remodelar vestuarios de películas y obras de teatro a su taller los últimos años. Coser bien es difícil, requiere mucha concentración, mucha obsesión compulsión, mucha observación, sensibilidad, flexibilidad, se hace también por placer aunque a veces no genere ingresos que permitan pagarnos la vida y es un constante unir fragmentos para generar sentido. En algún punto se parece mucho al oficio del cine y creo que es algo que a ella la sorprendió: el tiempo y el trabajo que nos llevó a todxs poder terminar esta película. Ella está contentísima con la película, ya la ha visto varias veces e incluso me dijo que jugáramos a hacer otra, pero a causa de la pandemia sólo pudo verla por televisión y no en una sala de cine, así que esperamos juntas con muchas ganas ese momento. Hoy por hoy gran parte  de ese tiempo y ese trabajo se lo dedico a Antes muerto cine, el colectivo de producción de cine documental y experimental que formamos el año pasado junto a Joaquín Maito, Florencia Azorín, Nacho Losada y Manuel Embalse.  Nos conocimos tomando la universidad pública hace diez años y hoy entendemos la amistad como una política creativa para abrirnos paso e intentar rescatar la belleza que naufraga en este mundo caótico y en crisis. Junto a ellxs estoy trabajando en mis próximas películas: distribuyendo “Río Turbio”, recientemente estrenada y premiada en FID Marseille, sobre el silencio de las mujeres en un pueblo carbonero de la Patagonia; produciendo “Todo documento de civilización”, que aborda el cruce de avenidas donde la policía asesinó a Luciano Arruga y “Dios autor de todo”, suerte de ensayo sobre la imagen religiosa cristiana que codirijo con Nacho y Joaquín. Y dentro de esa lógica colectiva, obviamente, oficiando de montajista y fotógrafa de otros proyectos del grupo.
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EQUIPO 
  • Realización y guión  . Tatiana Mazú González
  • Producción . Michelle Jacques-Toriglia y Paola Pernicone
  • Fotografía y cámara . Joaquín Maito
  • Montaje .  Josefina Llobet
  • Diseño sonoro .  Julián Galay
  • Diseño gráfico .  Sofía Mazú González
  • Postproducción de imagen . Daniela Medina Silva
  • Postproducción de sonido . Hernán Higa
  • Compañía productora . Antes Muerto Cine
  • Con la participación de Juliana Casares Martín, Sofía Mazú González, Inés González Casares, Estela González Casares, Martina Wüst González y Tatiana Mazú González. 
FESTIVALES DE LOS QUE HA PARTICIPADO
  • Transcinema Festival Internacional de Cine Independiente 2019 - Competencia Internacional
  • Cinélatino Rencontres de Toulouse - Découvertes documentaire 2020
  • Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona 2020
  • Festifreak Festival Internacional de Cine de La Plata - Competencia Argentina - Premio del Público
  • SEMINCI Semana del Cine de Valladolid - Competencia Tiempo de historia - Mención especial del jurado
  • Corriente No Ficción 2020
  • Cortópolis 2020
  • Festival Internacional de Cine Colombiano en Buenos Aires 2020 - Competencia Argentina
  • Muestra de Cine Social y Derechos Humanos de Asturias 2021
  • Femme Revolution Film Fest 2021
  • One World Romania 2021 - Competencia Internacional
  • AricaDoc 2021 - Muestra Creadoras 
ANTES MUERTO CINE es un colectivo con base en Buenos Aires, dedicado a la producción de cine documental y experimental. Nos conocimos tomando la universidad pública, registrando imágenes y sonidos para sacudir y discutir la realidad que habitamos. Desde entonces, buscamos que nuestra práctica dialogue con las experiencias pasadas y futuras para rescatar sensiblemente la belleza cotidiana y absurda que naufraga en el caos. Nos gustan las películas que están vivas, las que se hacen con cuidado en la intimidad o en la calle, las que se inventan  sacando conclusiones sobre la marcha, las que juegan. Porque creemos que las películas son también su modo de producción, entendemos la amistad como una política creativa. 
Nuestros proyectos formaron parte de Mar del Plata IFF, Ji.Hlava DIFF, Márgenes Cine, FIDMarseille, DocLisboa, Cinélatino . Rencontres de Toulouse, New Horizons IFF, DocLisboa, SEMINCI, FICUNAM, Cámara Lúcida, Festifreak, Transcinema, DOCBSAS, FICCI Cosquín, Festival Cinematográfico del Uruguay, FIDOCS, entre otros festivales. 
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BIOFILMOGRAFÍA
El estado de las cosas 
- largometraje, 2012, dirigido por Tatiana Mazú Gonzálezy Joaquín Maito
La internacional 
- cortometraje, 2015, dirigido por Tatiana Mazú González
Retrato de propietarios 
- largometraje, 2018, dirigido por Joaquín Maito
Caperucita roja 
- largometraje, 2019, dirigido por Tatiana Mazú González
Emoji, emoji 
- cortometraje, 2019, dirigido por Joaquín Maito
9.32 
- cortometraje, 2019, dirigido por Nacho Losada
Río Turbio 
- largometraje, 2020, dirigido por Tatiana Mazú González
Buscando estreno mundial
¿Qué hago en este mundo tan visual?  
- largometraje, dirigido por Manuel Embalse 
Enciclopedia catálogo
- cortometraje, dirigido por Manuel Embalse 
Un silencio sísmico
- cortometraje, dirigido por Julián Galay

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